Una lengua exterioriza el conocimiento, el sentir, la manera en que un pueblo ve el mundo. El idioma viene con el bagaje de toda una cultura, a través de ésta que vamos a comenzar a estudiar, conoceremos el palpitar de una raza.

La lengua guaraní es el nexo emocional de un pueblo que durante muchos siglos sobrevivió gracias a ella. Pero no se extendía solo a un país, si no a toda la América del Sur. Por avatares de la historia, se ha ido apagando su luz en todos los sitios, pero en el corazón mismo de esa América que la albergó, permaneció una chispa, pequeña pero vigorosa.

Hoy los vientos le han sido favorables y nuevamente se extiende la llama sonora y ya no solo en su originario territorio, si no que atraviesa fronteras, surca mares y nos trae en su cadencia las voces de la tierra y de la vida misma.

“Pese a la condición de cultura dominada, ese aliento mítico va prolongan-do la voz clandestina de los guaraní, que sigue corriendo como el canto inagotable de esos grandes ríos subterráneos, que de repente afloran con inusitada fuerza, pese o quizá gracias a la larga contención”. Pero esta palabra permaneció secreta durante muchos años y muy bien podría pensarse que ese hecho correspondió a una estrategia de resistencia del pueblo guaraní” Rubén Bareiro Saguier

“Un universo mítico se dibuja en el lenguaje del pueblo guaraní. Las raíces de su oralidad se extienden hasta el presente” Ayvu Rapyta (El fundamento de la Palabra)

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